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Hace 4 años vivía en un monasterio en Países Bajos rodeado de polacos, rumanos y ratas.
Ahora, no.
Entiendo que mi vida te importa poco. Muy poco. Nada.
Así que diré algo que quizá sí te interesa.
Descubrí tiempo atrás que tengo una habilidad extraña.
Una habilidad que no me convierte en nadie especial.
Pero que no tiene todo el mundo aunque se pueda aprender.
Esa habilidad es analizar los procesos de captación y fidelización de una empresa, y mejorarlos.
Mejorarlos mucho.
Puedes pensar que te estoy tomando el pelo.
O puedes leer una historia de un albanés, un argelino y una polaca que te enseñará cómo retener clientes en menos de 3 minutos.
Luego te acribillaré a emails.
Todos los días uno. Uno tras otro.
Así hasta que
me contrates,
o me odies,
o me ames,
o me insultes,
o te quieras acostar conmigo,
o te des de baja,
o te quedes atendiendo.
Atender es bueno.
Ese es el trato.
Atiende.
¿Aceptarías consejos de captación y retención de clientes de un albanés, un argelino y una loca polaca?
Te lo pregunto porque a la gente que está en mi lista le envío historias de cuando estuve viviendo en un monasterio en Países Bajos 4 años atrás.
Con ellas aprenden cosas como:
Lo que hacen las agencias de empleo de por allí para conseguir 7 clientes por cada 1 que captan.
Las 4 palabras que usan los neerlandeses que nadie usa en España y te graban en la mente de los clientes.
Cómo hacían unas españolas cachondas en el monasterio para captar multitud de “clientes” pasando desapercibidas (muy útil si quieres ocultar tus métodos a la competencia).
Aquí:
Unirse es gratis, darse de baja también.
Te va ha llegar un email de confirmación, revisa spam/promociones.